La originalidad como problemática. Tácticas de proximidad al concepto en la cultura de la copia. | CARLES MÉNDEZ LLOPIS

July 12, 2015

 Es imposible negar que la originalidad –o cualquiera de sus nódulos terminológicos adheridos a su concepción– ha sido citada, esgrimida y monopolizada en una inabarcable lista de publicaciones de cualquier campo de conocimiento. Hoy en día, y continuando con esta tradición heredada, la idea de originalidad u original suele ceñirse a aquello diferente ideado, creado, inventado o producido (sea objeto o concepto), a partir de lo cual pueden generarse una serie de discursos o entidades tomando ese primero como patrón. De este modo, al revisar el término en retrospectiva, y tomándolo como agente diferenciador, observamos la indispensable unión de la originalidad con la autenticidad y la singularidad[1], lo que representa una explícita pugna dialéctica entre ella y la tradición, pues no puede ella misma evitar sus conexiones históricas insalvables y rasgos convencionales que la hacen “comprensible” en diferentes las épocas y lugares[2]. Convencionalismos contra los que la originalidad se posiciona, al tiempo que sólo puede ser válida en ellos.

Bajo estas consideraciones, la originalidad se ha instituido tanto como imperativo –e imposición “moderna”–, como aspiración de formas y expresiones “nuevas”, con el propósito de entablar heterogéneos enfrentamientos con la repetición y el entumecimiento de estas expresiones, en su sentido de “diferencia”. Es por lo anterior que, sea como aspiración, tendencia o cualidad, la originalidad está dialécticamente unida a su contrario, a la tradición, para establecerse como criterio de validez absoluto[3]. Sin embargo, pese a todas estas consideraciones y literatura acerca del término, poco ha sido el desvelo por adentrarse en su pasado y su presente como problemática, o al menos, como constructo a redefinir, actualizar, revincular o evaluar. Y más aún, cuando este imperio de la originalidad aviva su propio cuestionamiento al ubicarse en un contexto de masificación y superproducción propio de las sociedades actuales, donde esa “impersonalidad” de la copia prevalece de forma determinante en la actividad popular.

Surgen así nuevas prefiguraciones de la originalidad a contemplar, cuyas mutaciones dependen de elementos socioculturales e ideológicos que la hacen dinámica per se. Pasaríamos por tanto, del acto excepcional –mayormente individual y creativo–, único y singular, a otro cuya superación se basa en el entendimiento de la inevitabilidad de las cargas referenciales, de sus diálogos heredados y sus discontinuidades. Ecos que se deben a su insuficiencia para seguir en la búsqueda e indagación de su multiplicidad.

Es así, que encontramos coherente proyectar la investigación que denominamos La originalidad en la cultura de la copia[4] como debate, discusión y puesta en común de su continua transformación respecto del arte, la cultura, las humanidades y las diferentes esferas comunicativas. Un desafío sin designación territorial, transversal a las disciplinas heredadas, que pretendió superar los márgenes disciplinarios para transitar desde y entre la filosofía estética, los estudios culturales, la creación plástica, sociología, antropología o educación, entre otros, con la finalidad de establecer relaciones fronterizas sustentables como ámbitos de encuentro intersectos. Para ello, necesitamos ampliar nuestros exámenes de cómo hemos llegado a un mundo “reproducible”, lleno de conocimientos multiplicados en incontables ocasiones y dispersados globalmente; de cómo la reproductibilidad digital puede reiterar hasta la infinitud cualquier objeto y teoría –reducidos ahora a datos–, o de cómo ésta produce y reproduce simultáneamente en culturas de “sírvase (y hágalo) usted mismo” interconectadas y, en la práctica, desjerarquizadas. Sin embargo, tal consumo de la copia precisa anteponer la revisión del mismo concepto de autenticidad en los territorios de la cultura, con sus preocupaciones y ocupaciones, pues como vemos, no parece que existan en él lugares incontaminados[5]. Así que quizás, más que iniciar con estas interrogantes, o la ya representativa ¿Qué es original?, urgiría cuestionarse si la originalidad es una especie hoy en extinción, o al menos, la idea que tenemos de ella. Posiblemente no sea ella la que esté agotada, sino que sean los logros de nuestro discurso sumido en la tradicionalidad, incapaz de componer la pluralidad, el dinamismo y movilidad, los que exijan revisión, vista la incapacidad para enfrentar su propia caducidad.

Es lógico por tanto, que desde la perfección técnica a la que se ha llegado y los estudios de las nuevas estructuras idiomáticas provenientes de estas tecnologías de (re)producción, devengan necesidades de redefinición, pues las características y circunstancias de la originalidad han cambiado al alterarse el sistema en el que ésta se solía localizar. La autoría, la normativa institucional, las relaciones, el control y las limitaciones conceptuales, la reproductibilidad técnica y la hiperindustrialización, los museos, etc., son conceptos ahora en constante revisión, dada esta expansión y multiplicidad que desafían la estructura interna de unos dominios en actualización. De la economía de producción se ha pasado a la del consumo[6], en la cual germinan el relativismo cultural, la incorporación de posicionamientos estéticos alternativos, nuevos sistemas de relaciones –incluso formas de capitalización suplementarias que relevan al objeto/mercancía–, así como un sinfín de articulaciones diferentes en cualquier aproximación al conocimiento; situación que, si por un lado adopta un acento melancólico o nostálgico sin unidad y coherencia, también muestra la esencia de una época muy productiva, heterogénea y versátil para los campos de la creación. Transformaciones que invitan a abandonar la iteración de prácticas y creencias pretéritas, que si bien suelen ser veneradas de forma rutinaria, resultan inoperantes en muchos aspectos actuales.

La originalidad en la cultura de la copia resultó entonces una búsqueda de nuevas posibilidades, ampliaciones y reflexiones dentro del ámbito de la creación, que propuso cierta resistencia a la condición de irrepetibilidad, de la persistente tradición de singularidad objetual en contextos de hiper(re)producción y consumo cultural[7]. Un bálsamo que sirviera para reducir la irritación provocada por las convenciones fijas y las estructuras normativas en los diferentes campos del conocimiento; aquellos que, a su vez, incuban diversas molestias ontológicas, epistemológicas, metodológicas, procedimentales, etc., en una insalvable situación de autorreflexión disciplinaria. La hibridación, el eclecticismo, el nomadismo teórico, la deconstrucción de los procesos, la libre mezcolanza de modelos clásicos y actuales, la repetición y reinterpretación de textos e imágenes, etc., confabulan con las nuevas tecnologías de la información y comunicación para: por un lado, disponer escenarios temporales, fragmentarios, heterodoxos y diversificados que se enfrentan a los desafíos de hoy; y por otro, reflejar el aspecto plural y el alcance de los medios de comunicación de masas en un crecimiento exponencial de la cultura visual, que difícilmente coexiste con el consumo particular de formas singulares que había dominado anteriormente. Y es en esta compleja urdimbre de doctrinas, contradicciones y superaciones, en la disolución de fronteras entre la realidad y su representación, donde se ubica la descontextualización del concepto de originalidad. Por lo que, el asunto no fue tanto salvar la distancia, por ejemplo, entre original y copia, sino de abrir una práctica consciente de sí misma, cuya batalla reside en la transferencia territorial, donde lo original es un proceso hacia la copia y viceversa. Así, nuestra problemática se centró en continuar con la aproximación a la idea de originalidad en un momento global tendente hacia la copia, y seguir con el debate acerca de una de las nociones más discutidas, controvertidas y castigadas del campo creativo, sea éste teórico o plástico.

Observamos por tanto, una situación compleja que tiende, además, a la relatividad de una época sumida en constantes cambios y en una revolución tecnológica de relevantes implicaciones culturales. Escenario en el que este proyecto, asumió la postura de reconsiderar la caducidad manifiesta de un concepto cuya tradición –normalizadora– lo entreteje a varios niveles y correspondencias sociales y contextuales necesariamente diversas, y que lo hace transitar entre disciplinas: Desde la teoría crítica e histórica o los estudios culturales y visuales hasta las últimas disposiciones legales y jurídicas de autoría, que actualmente se han sumido en la confusión proporcionada por el expansivo escenario técnico y de la telecomunicación.

De este modo, la pretensión también fue la de avecinar e indagar en aquellos documentos relevantes, distanciados por la organización disciplinar, pero que finalmente elaboran un análisis desde múltiples posicionamientos teóricos y filosóficos en relación a los elementos que componen el concepto de originalidad y sus inherentes relaciones culturales, sociales y mediáticas: como el de singularidad, individualidad, innovación, autoría, sujeto, objeto, origen, inventiva, creatividad, autenticidad, novedad, modelo, singularidad, reproductibilidad, etc. Constructos que en el contexto citado, permanecen imprecisos, en constante actualización dentro de la cultura, el pensamiento y la vida social –únicamente clasificables dentro de períodos históricos, momentos artísticos o insertos a ciertas actitudes filosóficas– y envueltos en el dinamismo que la descentralización de la autoridad intelectual y científica propicia.

Precisamente entonces, para cimentar esta idea de originalidad contemporánea reivindicamos el fomentar perspectivas (re)interpretativas apropiadas a las culturas actuales que se desvinculen de manipulaciones e intereses ajenos a la propia problemática. Por lo que partimos de un concepto de originalidad, no exclusivo de ningún campo del conocimiento específico, un concepto que necesita extender su herencia a toda la creación física e intangible, así como reflexionar las disposiciones teórico-prácticas que expongan los actuales procesos socioculturales focalizándolos como parte del conflicto.

Una vez impuesta la exigencia de consumar una investigación inclusiva, que fungiera como núcleo de debate intercultural y transdisciplinar, reunimos aquí tanto los aportes teóricos de especialistas en diferentes áreas de la creación (arte, diseño, arquitectura, literatura, estética, sociología, antropología, etc.), como las interpretaciones artísticas que emanaron de esta temática conceptual. Conformando un proyecto que integró investigadores de España –Universitat Politècnica de València, Universitat de València, Universitat de Barcelona, Universidad de Vigo, Universidad de Cantabria, Universidad de Sevilla y la Universidad Carlos III (Madrid)–, de Chile –Universidad de Playa Ancha y la Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS)–, de México –Universidad Autónoma de Ciudad Juárez– y de Taiwán –National Chiayi University y la Cheng Shiu University–, como también creadores de Alemania, Argentina, España, Estados Unidos, Francia, México, Polonia y Taiwán[8].

Al hilo de estas colaboraciones, este proyecto presentó no sólo diferentes visiones, sino también diversos posicionamientos culturales en el tema de la originalidad que pretenden ayudar a la conformación de su conocimiento teórico y discurso artístico. Cimientos de la aproximación deseada al concepto de originalidad, que sirven a su revisión como criterio absoluto de valoración y juicio de autosuficiencia sin gradaciones en la cultura de la copia.

En este sentido, el proyecto fungió como una urdimbre que muestra la heteronomía de la originalidad, henchida y determinada por argumentos ajenos a ella, aquella que contradictoriamente en la mayor parte de contextos adjetiva y acredita la autonomía de los mismos. Por ello es lógico, que sea complejo establecer en sus dimensiones y estratos, así como distanciado de cualquier régimen de obstrucción o estatismo, con la pretensión de servir a una visualización, posicionamiento y recontextualización acerca del concepto de originalidad en la cultura actual como problemática abierta. Documentos que cuestionan en la actualidad este criterio de validez absoluta precisamente en su validez absoluta como criterio. Concluyo este escrito habiendo acotado brevemente las circunstancias del proyecto, así como los cimientos en los que basamos la construcción de una idea de originalidad expandida y en coexistencia con su copia, que exige el escenario contemporáneo dentro y fuera del ámbito de la creación artística.

 

[1] Rosset, C. (2007). El objeto singular. Madrid: Sextopiso.

[2] Hauser, A. (1973). Introducción a la historia del Arte. Madrid: Guadarrama.

[3] Moya Méndez, M. (julio-septiembre 2001). La originalidad en el arte. Aproximación al concepto de Hauser. Islas (129) , 95-101.

[4] Este proyecto de investigación-creación fue auspiciado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (México), y llevado a cabo por el autor como investigador principal. Para mayor información puede acudir a la dirección electrónica: http://culturadelacopia.blogspot.mx/

[5] Vattimo, G., Mardones, J. M., & Urdanabia, I. e. (1990). En torno a la posmodernidad. Barcelona: Anthropos.

[6] Es interesante lo que apunta Hortensi Mínguez (2013) respecto a la situación, algo que recordaba ya June Wayne en 1972 cuando anunciaba que “el debate que envuelve al arte gráfico seriable y lo original seguirá subsistiendo mientras el arte siga anclado al sistema capitalista interesado en el valor mercantil del beneficio de la plusvalía, y por ende, de la necesidad de tasar y regular la circulación y comercialización de la obra de arte como un producto financiero.” (p.91). En Mínguez, H. (2013) “Copia versus original-múltiple. Una relación dialógica en el arte gráfico reproducible”, en Arte Individuo y Sociedad, n25 (1), pp.77-93. Disponible en línea en la dirección: http://revistas.ucm.es/index.php/ARIS/article/viewFile/41165/39374

[7] Mosquera, G. (1993). Del pop al post. La Habana: Arte y literatura. Así como también se recomienda la revisión de Compagnon, A. (1993). Las cinco paradojas de la modernidad. Caracas: Monte Ávila.

[8] Méndez, C.; Mínguez, H. (2013) La originalidad y la copia inevitable. Colección Textos Universitarios, Serie Investigación. Ciudad Juárez: Universidad Autónoma de CIudad Juárez. Disponible en línea en la dirección: http://www.uacj.mx/DGDCDC/SP/Documents/RTI/IADA/Origi.pdf

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Carles Méndez Llopis es Doctor en Bellas Artes y Especialista en Grabado y Sistemas de estampación por la Universidad Politécnica de Valencia (España). Artista y profesor-investigador titular de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez desde 2007, pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, cuenta con Perfil Deseable Acreditado del Programa de Mejoramiento del Profesorado.

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